miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Y para qué queremos la actual línea férrea Alcoy – Xátiva?



No hay día en que no se publique en la prensa alguna noticia sobre el posible cierre de la línea férrea Alcoy-Xátiva - Valencia. ¿La cerrarán definitivamente? Les doy cuatro pistas para contestar a esta pregunta:

- Los viajeros que utilizan esta línea (sobre 150.000 al año) apenas cubren con el pago de sus billetes el 20% del coste anual de la misma.

 - En los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año no se reserva ni un solo euro de inversión en la línea, a pesar de las promesas realizadas tanto por el Ministerio de Fomento como por la Generalitat Valenciana desde el año 2009.

 - A pesar de contar con 53.733 millones de euros, el tren Alcoy – Xátiva ha quedado fuera del Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda 2012-2024.

- Los criterios que regirán por parte del Ministerio de Fomento para salvar líneas deficitarias son los siguientes: que la velocidad media sea superior a 75 Km./h. y que como mínimo se realicen 300 viajes mensuales. Nuestro tren apenas pasa de los 40 Km./h. y se queda en 240 viajes.   

¿Cuál es la única esperanza para poder salvar la línea? Que sea declarada como de Obligación de Servicio Público. ¿Y lo es? Pues, sinceramente, no se si se creerán en el Ministerio que no existe ninguna otra forma para acudir a la capital de la Comunidad que no sea en tren. Lástima no haberle hecho caso a “La Carrasca” cuando pedía que no construyeran la autovía. Ahora ya…


Hace veintitantos años, cuando se propuso el cierre de la línea y medio Alcoy se manifestó en la calle, recuerdo una conversación con un amigo en la que llegamos a la conclusión de que las únicas alternativas eran dos: cerrarla para no perder más dinero o arreglarla y hacerla atractiva para que fuese rentable. Pues bien, transcurridas más de dos décadas, continuamos igual. Bueno, igual no, mucho peor ya que el tren ha sido un pozo sin fondo para el erario público (o sea, para nuestros bolsillos) y si entonces ya estaba obsoleto, ahora se cae a trozos al no haber invertido en él ni una décima parte de lo que los sucesivos gobiernos que hemos padecido nos prometieron.

Porque esa es otra. Mientras el político de turno está en la oposición, ya sea en la Generalitat o en el Gobierno Central (y algunos partidos, salvo accidente, están siempre en la oposición), exige que, de inmediato, se realicen las pertinentes mejoras en la línea, pero cuando llegan al poder… promesas, plazos, convenios, planes y ni un euro.


Soy un ferviente defensor del transporte ferroviario y estoy convencido de que el tren es el futuro. Pero que piense eso no lleva aparejado que esté ciego. Y de ciegos es creer que la actual línea Alcoy – Xátiva puede tener algún futuro.

La línea que nos enlaza con la capital de La Costera es inviable. Me explico: la estación de Alcoy, debido al crecimiento que ha tenido nuestra ciudad, se encuentra dentro del casco urbano. Lejos de todo (excepto, quizás, del Hospital), pero no está en medio de la nada. Si seguimos el recorrido, comprobaremos que para llegar a la estación de Cocentaina hay que estar en muy buena forma física y subir media montaña; en Muro ni existe estación ni posibilidad de construirla; en Agres no podrían haberla construido más abajo; por Alfafara no pasa; en Onteniente, allá arriba; en Albaida, abajo en el río; en Montaverner, en lo alto, donde nadie llega; en Beniganim, en medio del campo… y así hasta llegar a Xátiva. No toca ninguna población. Sinceramente, creo que quien la diseñó tenía muy mala leche y quería que todos los usuarios se dejasen las alpargatas cogiendo el tren.     

Para que una línea sea rentable no basta con los viajes que se realizan desde el origen hasta la parada final; o sea, entre Alcoy y Valencia y viceversa. Una línea se nutre de pasajeros que suben o bajan del tren en las paradas intermedias. ¿Saben cuantos alcoyanos van diariamente a Cocentaina, Muro u Onteniente? Miles. ¿Y cuantos utilizan el tren para realizar ese trayecto? Si conocen a alguno, me lo presentan. ¡Si incluso cuando queremos hacer un viaje largo echamos mano de algún familiar para que nos acerque en coche hasta la estación de Játiva!

Hay quien opina que vale la pena mantenerla porque si continúa abierta, puede que algún día la reparen, pero que si la cierran, se convertirá en una nueva “vía verde” y en Alcoy no volveremos nunca a ver un tren. Completamente de acuerdo, al menos en lo primero. Pero el problema no es su reparación; el problema es que aunque la recubran de oro, la actual línea no sirve. Que me perdonen en Agres, pero es una locura que para llegar a Onteniente se tenga que dar un rodeo de media hora entre las montañas o que luego se aleje la línea hasta Beniganim en lugar de continuar por el interior que es por donde discurren los trenes de larga distancia. Si a esto le unimos lo de los apeaderos en medio de la nada…

Nuestros políticos (y los palmeros que siempre llevan detrás) tendrían que haber exigido desde hace 25 años una nueva línea que uniera Alcoy, Cocentaina y Muro pasando cerca de sus centros urbanos y que, siguiendo el camino más corto, o sea, la actual autovía, llegara a Albaida y a Onteniente (también al centro) para luego enlazar, a la altura de Moixent o de Canals, con la vía de tren que nos puede llevar a medio mundo.

¿Se apuestan algo a que esa línea si que sería rentable y, por lo tanto, viable? A cambio, se han pasado dos largas décadas con promesas que sabían que no cumplirían y victimismos del tipo “tal partido no quiere a Alcoy porque nos quiere quitar el tren”.  No dan para más, ¡qué le vamos a hacer!


Al igual que con el aeropuerto de Castellón o con la estación de AVE de Requena, por poner dos ejemplos cercanos, me niego a que malgasten ni un solo euro más de mis impuestos alargando la agonía de nuestro centenario tren. He crecido con él y siento pena, si; la misma pena que cuando tuve que jubilar aquel entrañable 127 usado que compré con mi primer sueldo. Pero es que los gastos del cochecito se me comían por los pies y me resultaba más rentable comprar uno nuevo que reparar el 127 hasta que lo pareciese. Y, no nos equivoquemos, por mucho que tirase de cartera, siempre sería un trasto.

Un trasto entrañable si quieren, pero un trasto al fin y al cabo.  

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